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12 de marzo de 2015

Batallitas de aeropuerto...



Hace un año aproximadamente estaba volviendo de Polonia. Ese país que me enamoró sin esperarlo, que me marcó mientras paseaba por sus calles sin apenas darme cuenta. El regreso a casa fue más largo y accidentado de lo normal. Lo tuvimos que hacer vía Barcelona, porque es donde encontramos vuelos low cost desde Varsovia, y así aprovechamos para darnos una vuelta por la ciudad condal. El problema fue que llegamos al aeropuerto de El Prat casi a media noche, y nuestras mentes pensantes decidieron ahorrarse una noche de hotel en Barcelona y dormir en el aeropuerto. Hubiera sido todo más fácil si hubiésemos utilizado nuestro propio vehículo y lo hubiéramos dejado en el parking aeropuerto de Barcelona. Como ya os comenté con anterioridad, ahora la opción del aparcamiento en el aeropuerto la valoramos siempre en cada viaje, porque es cómodo, sale muy bien de precio reservando online, y puedes llegar y evitar largas esperas por un tren o un autobús. Y precisamente, ese fue nuestro caso...

El año pasado al regresar de Polonia no valoramos usar el parking y cogimos el primer tren de regreso a casa que salía desde Barcelona-Sants. ¿Y a qué hora era? ¡A las 12 del mediodía! Este hecho nos permitía tener el tiempo suficiente para desayunar en Barcelona bien temprano y darnos una vuelta por el centro de la ciudad, ya que hacía varios años que no estábamos en la capital catalana. Había que aprovechar las pocas horas que nos quedaban. El inconveniente no era otro que la eterna noche en vela que teníamos por delante en el aeropuerto de Barcelona. Nuestros jóvenes y lozanos cuerpos no pensaron en el cansancio acumulado o la incomodidad de hacer noche tirados por la terminal. Nos temíamos lo peor.

No obstante, después de todo, no fue ni tan cansado ni tan aburrido. Aterrizamos en Barcelona procedentes de la capital polaca alrededor de la medianoche. Salimos de la terminal y decidimos ir a cenar, así pasaríamos una buena parte de la noche. Lo malo es que casi todo estaba ya cerrado en El Prat, una lástima. Entre lo poco que quedaba abierto escogimos Pans&Company y nos comimos unos bocadillos tranquilamente. Se acercaba la hora de dormir, o al menos de intentarlo. Buscamos entonces unos asientos confortables y apartados, aunque a esas horas ya no había mucho tránsito de pasajeros.

El primer intento de dormir fue fallido, porque nos encontramos con muchos otros viajeros que llegaban a la 1 y las 2 de la madrugada a esperar los vuelos mañaneros de las 5 y las 6 de la mañana. Al contrario que nosotros, que solamente queríamos un techo en el que guarecernos hasta que abriera el tren de cercanías para llevarnos al centro de Barcelona. Mi amigo enseguida se traspuso, pero a mí me fue imposible dormir, así que tablet en mano me dediqué a ver películas y series. Varias. Muchas. Seguidas. Y lo creáis o no, para un seriéfilo como yo, el tiempo pasa muy rápido de este modo.

La anécdota de la noche llegaba en torno a las 3 de la madrugada, cuando unos agentes de seguridad nos pidieron la documentación. Al parecer, como el aeropuerto no deja de ser un lugar público, hay muchos sin techo que pasan la noche en las terminales de El Prat. Muchas veces hacen la vista gorda, y en otras ocasiones los desalojan pidiéndoles la identificación y una tarjeta de embarque que obviamente no tienen. En nuestro caso, tal vez tras una semana de viaje ya teníamos aspecto de vagabundos, o quizás el tener las maletas al lado no era suficientemente significativo para los agentes, o simplemente tenían ganas de hablar con alguien. La realidad fue que allí se presentaron, dando las buenas noches, y pidiéndonos el DNI y una tarjeta de embarque.

Fue el momento más peliagudo de la noche, porque no encontrábamos las tarjetas de embarque de nuestro vuelo procedente de Polonia. Obviamente, mi amigo se despertó, y entre los dos intentamos localizar las tarjetas de embarque, que no eran más que folios impresos de Ryanair. Como no las encontramos, yo le expliqué la situación a los agentes, que nuestro vuelo había llegado tarde y solamente estábamos esperando al primer tren de cercanías que nos llevara a la ciudad. Fue suficiente. Se fueron y nos dejaron seguir con nuestra noche en vela tirados en el aeropuerto.

Ya casi amaneciendo abrió la estación del tren de cercanías y cogimos el primero que salía, para que nos diera tiempo a desayunar y a dar un paseo sin prisas por Barcelona. Lo mejor de todo esto ya ocurrió en la estación de Sants, en el momento de embarcar en el tren que nos llevaba de vuelta a casa. Haciendo cola para subir al tren, el empleado de turno de Renfe me pidió el billete, yo saqué del bolsillo el papel y se lo entregué. Su cara de estupefacción ya me dio mala espina, y sus palabras me lo confirmaron: "Caballero, esto es una tarjeta de embarque de Ryanair".

5 de enero de 2015

Hacia el próximo destino...

Como todos sabéis el punto de partida de mis viajes suele ser Madrid. El aeropuerto de Barajas se ha convertido en la casilla de salida de cada nueva aventura, dado que se trata del aeropuerto con mayor oferta de vuelos y además hay buenas comunicaciones con León, mi ciudad. El próximo viaje que tengo en mente también comenzará en Barajas, después de un trayecto en coche de tres horas y tras dejar el vehículo en el en el parking del aeropuerto de Madrid. Utilizar este aparcamiento es una opción muy cómoda que nunca he comentado, pero que sale bien de precio y te permite llegar al aeropuerto o salir de él sin estar pendiente de otras conexiones en tren o autobús, y por tanto evitar el riesgo de perderlos si el vuelo se retrasa.

Conozco todas las terminales del aeropuerto de Barajas, y sigo prefiriendo la T1. En esta terminal operan las compañías low cost Ryanair y EasyJet, que suelen ser mis aliadas durante mis viajes. Se trata de una terminal accesible en la que es difícil perderse y muy fácil encontrar todos los servicios. Es cierto que la majestuosidad de la T4 impresiona a primera vista, pero aunque suele estar semivacía, siempre se tarda más en acceder y muchas veces implica recorridos de más de 10 minutos caminando.

Para mi próximo viaje voy a confiar de nuevo en Ryanair, porque nunca he tenido problemas con esta compañía y siempre ha llegado puntual. Solo hay que asegurarse de cumplir estrictamente con sus condiciones de viaje, como en cualquier servicio. Dentro de unos meses pisaré otra vez la T1 de Barajas y me subiré a un avión de Ryanair para poner rumbo a Budapest. La capital de Hungría se considera la ciudad más hermosa a orillas del Danubio. Es una ciudad monumental que surgió como resultado de dos poblaciones, Buda y Pest. La riqueza cultural y la oferta turística son desbordantes en esta urbe que cada vez tiene más cosas que ofrecer. Además, los precios en Hungría siguen siendo muy económicos, así que se convierte en un destino perfecto que ya estoy deseando descubrir.

Uno de los lugares que no hay que perderse de Budapest es su parlamento, de los más grandes y bellos del mundo. Es un complejo arquitectónico al lado del Danubio que se ha convertido por méritos propios en el símbolo de la ciudad. Pero Budapest tiene mucho más que ofrecer, lugares tan icónicos como el Puente de las Cadenas, y rincones que bien merecen una visita como el Bastión de los pescadores y la Plaza de los Héroes. Además es la ciudad de los Balnearios, muchos de ellos públicos, ya que brotan cientos de manantiales de aguas termales en esta zona.

Pero, ¿cuál es la mayor ventaja de volar a Budapest? Pues que está muy cerca de otras capitales imperiales, ciudades centroeuropeas a las que nos podemos acercar en tren o autobús. Mi idea es ir también a Viena y a Bratislava, las capitales de Austria y Eslovaquia respectivamente. En cuestión de dos o tres días se pueden hacer sendos recorridos por estas ciudades y completar así un viaje perfecto e inolvidable por el corazón de Europa. Muchos turistas aprovechan para hacer el combinado Budapest, Viena y Praga, pero la capital de República Checa ya está más a desmano, y prefiero centrarme en conocer bien las ciudades que os comento.

Creo que es un buen plan para comenzar el año, aunque aún queda planificar toda la ruta, comprar los billetes de avión, reservar los hoteles, elegir los transportes entre las distintas ciudades, adquirir las entradas a monumentos con antelación para conseguir descuentos, y reservar el parking del aeropuerto. Como veis, queda mucho por hacer hasta que llegue el día de viajar a un nuevo destino europeo. Un destino que al menos ya está elegido, y que por ello me llena de ilusión en este inicio de año, al tener en el horizonte otro viaje que se antoja inolvidable. Si alguno de vosotros ha estado en Budapest, en Viena o en Bratislava, o tiene alguna recomendación relativa a los vuelos, hoteles, trenes, aparcamiento o comidas, no dudéis en comentar, porque siempre se agradece cualquier información de primera mano.

¡Nos vemos por el mundo!

3 de enero de 2015

Los viajes olvidados

Mis últimas andanzas viajeras de las que tenéis constancia fueron durante los primeros meses del año. Concretamente os hablé de la inesperada Polonia que surgió de la nada para convertirse en uno de mis destinos favoritos europeos. También os hablé de mi inminente visita a Ámsterdam, y a toda Holanda en general, gracias a una ruta a medida por los paisajes y ciudades más acogedores del país de los tulipanes.

No obstante, aún me quedan algunos viajes de los que hablar, los viajes olvidados de este 2014, los que aún no os he contado. Y es que al no estar al cien por cien con el blog, no me acuerdo de hacer los correspondientes resúmenes de los lugares visitados, y las pertinentes recomendaciones que luego siempre están muy bien cuando se viaja a dichos destinos.

Tras Holanda, el siguiente viaje que planeamos fue a Dublín. Como siempre, surgió un poco por las circunstancias, con la idea de ir a visitar a una amiga que iba a hacer un curso de inglés. El hecho de que Ryanair tenga allí su hub y los vuelos casi los regalen también tuvo mucho que ver. Y la verdad es que este corto pero intenso viaje a Irlanda mereció mucho la pena, puesto que no tenía grandes expectativas del país, y me sorprendió gratamente. Dublín no es una ciudad especialmente monumental, pero desde luego que es uno de los lugares donde más partido sacan a lo poco que tienen. Es una ciudad acogedora y con mucho ambiente, que vive de la Guinness y de los pubs irlandeses, una ciudad abierta, amable y divertida. Además, cuenta con algunos sitios de visita obligada como el Trinity College, cuya biblioteca es la más bonita que he visto nunca, te deja sin palabras. También tiene muchos museos para saber más de la historia de Dublín, para conocer el proceso de fabricación de la cerveza Guinness o del whiskey Jameson. Por no hablar de las catedrales y sus avenidas comerciales, entre otros atractivos.

Además, en este corto viaje pudimos descubrir también la Irlanda más verde. Contratamos una excursión de un día a los Acantilados de Moher, los mas famosos del país, que han sido el escenario de películas y series, por ejemplo de alguna de las de Harry Potter. Esta ruta guiada fue de lo que más nos gustó, porque además pudimos ver el castillo de Dunguaire que es el más fotografiado de Irlanda, y ver paisajes imposibles como los del parque nacional del Burren, que parece sacado de otro planeta. Sin duda fue la guinda perfecta de un pastel que nos supo muy bien a todos, incluido a mi amigo Shinichi, insigne bloguero, ingeniero y locutor, que también se apuntó a este viaje.

Después de Irlanda fui de nuevo a Alemania en diciembre, tras enamorarme el año pasado de Baviera en Navidad. Elegimos Bremen y Hamburgo como destino para hacer otra visita a una exiliada que vive allí. Pillamos días de frío pero no de nieve, y pudimos disfrutar a tope de lo especial de la Navidad en esta parte de Europa. Hamburgo y Bremen son dos ciudades muy distintas, una grande e industrial, otra pequeña y monumental, pero en ambas se vive el ambiente navideño de una manera increíble. Los músicos de Bremen estaban por todos lados, pero también las salchichas típicas alemanas que nos supieron a gloria, las ricas cervezas de la región, los puestos de comida callejera, las galletas de jengibre, y las luces que iluminan las ciudades en esta época como en ninguna otra. 


Mis viajes olvidados de este año han sido al mismo tiempo inolvidables. Sirvan estas pequeñas pinceladas para todos aquellos que deseen ir a estos lugares, pero si necesitáis más información no dudéis en contactar conmigo. Pronto tendréis más noticias mías en este aspecto, porque ya hay próximos destinos a la vista...

29 de julio de 2014

New contestant

Nunca he sido yo muy de concursos, no me parecen la mejor forma de ganar. Lo que sea. Muchas veces son premios de risa por algo que requiere mucho esfuerzo, y en otras tantas ocasiones la justicia brilla por su ausencia en la elección de los ganadores. Especialmente aquellos en los que media un jurado "profesional" de por medio. Dicho esto, y una vez he soltado toda la mierda que se me ocurre relativa a ellos, confieso que me he presentado a uno de fotografía. Uno de los sencillos. De los de poco esfuerzo. Una simple foto en blanco y negro es lo que se requería. Y he aquí mi propuesta:




Se trata de uno de los muchos molinos que disfrutan altivos de las vistas del Waterland neerlandés. Concretamente en Zaanse Schans, Holanda, sin duda alguna uno de los lugares más pintorescos que he tenido el placer de contemplar. ¿Y por qué esta fotografía? Primero, porque tiene muchas tonalidades de grises, se aprecia el blanco y negro en toda su majestuosidad. Segundo, porque el viento y las nubes estaban a mi favor. Tercero, porque siempre he sido muy de paisajes. Y finalmente, porque se trata de un rincón diferente que puede captar la atención del espectador. No sé, hay muchas fotos que me gustan y que podrían haber sido las elegidas, pero me he decantado por ésta simplemente por participar con algo diferente. Por decir, yo estuve en ese concurso que no gané, pero me sirvió para seguir cultivando mi afición por la fotografía.

Y como el viento que mueve molinos, julio se nos va...

18 de febrero de 2014

Inesperada Polonia


En pocos minutos se ha fraguado un viaje a Polonia inesperado. Y sí, ¡¡son los que más me gustan!! En apenas una semana me voy a descubrir un país que mucha gente tiene olvidado, pero siempre me ha parecido uno de los más atractivos de Europa. Será por su trágica historia, por su admirable reconstrucción o por su estratégica situación, pero Polonia es de esos lugares que parecen muy lejanos y al mismo tiempo cada vez se sienten más cerca.

¿Y por qué Polonia? Un poco por casualidad, un poco por Auschwitz, y el resto por precio. Hemos encontrado un chollo con Ryanair que debíamos aprovechar, además de que los hoteles y los restaurantes son increíblemente baratos. El nivel de vida polaco sigue estando por debajo de muchos países europeos, y por ello nos vamos 5 días a hoteles céntricos y de categoría, por menos de 100€ por cabeza. ¡Con desayuno buffet incluido!

Tras la sorpresa de los hoteles llegó la de la comida a 2€. Existen los denominados 'bares de leche', unos comedores de origen comunista para dar de comer a los más necesitados, que se han mantenido con el paso del tiempo, y donde todo el mundo puede comer los mejores platos polacos a precios de risa. Por otro lado, para hacerse una idea de los precios he mirado lo que cuesta un McMenu del McDonalds, y al cambio son como unos 3€. ¡Geniaaal!

Con los precios acordes a nuestro bolsillo, el viaje comienza en Cracovia, la que dicen que es la ciudad más bella de Polonia. Una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad que además tiene la baza de estar muy cerca de Auschwitz, uno de los lugares que a mi juicio se deberían visitar una vez en la vida para que todo el mundo sienta esa tristeza que supongo lo inunda todo. Tal vez al vivir una mínima parte de algo tan atroz, jamás vuelva a ocurrir nada semejante en nuestro mundo. Como dicen los propios polacos, "visitar para no olvidar".

Después de Cracovia nos vamos a Varsovia en tren para disfrutar de la capital polaca. Menos tiempo vamos a dedicar a Varsovia, pero creo que suficiente para ver lo principal. Desde ahí regreso a España de nuevo, espero que habiendo disfrutado de una experiencia única. Ya estoy con los preparativos de este viaje inesperado, ¿alguien me ayuda? Creo que algunos de vosotros habéis estado por tierras polacas, así que como siempre os agradezco información y recomendaciones sobre cualquier cosa que se os ocurra. ;)

26 de enero de 2014

En Ámsterdam también hablan inglés

Ya os he comentado lo útil que es aprender inglés a la hora de viajar, y lo pude comprobar de primera mano en mi última escapada al extranjero. Ahora vengo a reafirmarme en ello con mi nueva aventura, ¡en marzo me voy a Ámsterdam! ¿Os imagináis lo que sería visitar este destino si no estuviera el inglés de por medio para facilitarnos las cosas? Menos mal que los holandeses hablan inglés casi como el neerlandés, lo que hace que sea un destino ideal para practicar el idioma de Shakespeare. Yo hasta ahora ni me lo había planteado, pero investigando un poco me he percatado de que estudiar inglés en Holanda es una de las opciones más interesantes, ya sea mediante cursos o simplemente usando dicho idioma durante la estancia. 

Así que, en pocas semanas, me voy rumbo a Holanda para poner en práctica mi inglés y para conocer una zona de Europa que sin duda tiene mucho potencial, gracias a su gran oferta cultural, histórica, artística y de ocio. Holanda es la región más occidental de Países Bajos, donde se ubica Ámsterdam, y también otras ciudades tan apetecibles como La Haya o Delft. El idioma oficial es el neerlandés, que ya tuve el gusto de escuchar en Flandes, y que es totalmente ininteligible. Pero gracias a que son una comunidad de hablantes relativamente pequeña, se hace casi imprescindible aprender un segundo idioma, el inglés en la mayoría de los casos. Esto es algo que por desgracia no ocurre en España, porque el castellano es la segunda lengua del mundo teniendo en cuenta las personas que la tienen como materna, y la tercera en número de hablantes. Esta razón y, por supuesto, la dejadez de los sucesivos gobiernos en materia de educación, hacen que nuestro país no destaque en biligüismo precisamente. 

El caso es que Países Bajos se ha convertido en un destino perfecto para practicar idiomas, porque sus habitantes tienen un nivel muy bueno de inglés, pero sin ese acento british que muchas veces es una pequeña barrera. La mayor parte de la población habla un inglés fluido, desde los jóvenes hasta los ancianos, aunque en escolares y universitarios es mejor aún dado que reciben las clases en este idioma. Por lo que me han comentado también es muy fácil encontrar literatura en inglés, además de que siempre ofrecen todo tipo de indicaciones y servicios en esta lengua. Por tanto, es una alternativa a Irlanda o Inglaterra cada vez más solicitada para adquirir fluidez en este idioma, y por supuesto para hacer turismo sin tener que recurrir al lenguaje de los signos. 

Pero ahora me surgen un par de preguntas: ¿Ha estado alguien recientemente en Ámsterdam? ¿Alguno de vosotros ha estudiado inglés en Holanda? Sé que hay gente que me lee que ahora mismo trabaja por aquellas tierras, así que os animo a dar vuestra opinión del nivel de inglés en Países Bajos, de las mejores zonas para alojarse o de los lugares imprescindibles para visitar. Cualquier recomendación será de gran ayuda para planear este viaje, aunque Países Bajos es un lugar en el que todo parece funcionar a la perfección, por lo que no creo que tenga problemas para moverme por la zona. 

Mi idea es descubrir los canales de Ámsterdam y empaparme del ajetreo de la ciudad subido a una bicicleta. También sé que el transporte público funciona fenomenal, gracias a su extensa red de tranvía, por lo que puede ser una opción a tener en cuenta. Además, tengo interés en visitar el Museo de Van Gogh o la casa de Ana Frank, pero sobre todo disfrutar de esas casas ladeadas que parecen asomarse a los canales para verse reflejadas. También me gustaría acercarme a lugares de postal como Volendam o Zaanse Schans, donde están algunos de los famosos molinos holandeses. Tengo en mente hacer uso del tren para tal vez conocer La Haya o Utrecht, aunque no sé si son ciudades que merecen una visita o es preferible centrarse en Ámsterdam más tiempo. 

Por eso cualquier consejo es bienvenido, y como siempre será una gran ayuda para emprender este nuevo viaje a Ámsterdam. Un destino perfecto para poder perfeccionar el inglés. Un lugar único por debajo del nivel del mar, en el que los canales y las bicicletas son los protagonistas.

21 de enero de 2014

Grande Extremadura

He comenzado el año con buen pie en lo que a ocio se refiere. Hace unos días estuve en Extremadura, pisando una de las tierras más desconocidas para mi hasta ahora, comiendo muy bien, visitando grandiosos monumentos, disfrutando del buen tiempo y comiendo muy bien. Espera, eso ya lo había dicho. Pero sí, fueron unos días de turismo gastronómico también! :D

El destino principal era Mérida, aunque nos decantamos por coger el hotel en Cáceres, dado que había más variedad y mejores precios. Así también aprovechamos para conocer una pequeña joyita de nombre Ciudad Monumental que pone a Cáceres muy arriba en mi lista de destinos sorprendentes. Mi incultura alcanza niveles preocupantes en algunas cuestiones, y el patrimonio cultural es una de ellas. Resulta que la Ciudad Monumental de Cáceres fue la tercera de Europa en ser declarada Conjunto monumental, y también es Patrimonio de la Humanidad. Ahí es nada. La verdad que es una auténtica pasada y está muy bien conservada. Cruzar el Arco de la Estrella, que da acceso a la Ciudad Monumental, es como traspasar el umbral del tiempo y adentrarse en la Edad Media. Cuando cae la noche las calles son más bellas aún y la magia se hace presente, sientiendo algo especial en cada muro, en cada calle, en cada esquina. 

Cáceres fue la sorpresa sin duda, pero Mérida no nos dejó indiferentes. El Anfiteatro y sobre todo el Teatro Romano de Mérida bien merecen la visita. Te quedas sin palabras al contemplar la maestría con la que construían antaño, y esas obras de arte cuyos restos han llegado hasta nuestros días. Además es una ciudad con muchas cosillas para ver, ya que cuentan con otros restos romanos repartidos por la ciudad, un precioso acueducto en ruinas que tiene un encanto único, y por supuesto el Museo de Arte Romano, altamente recomendable. En Mérida también pudimos degustar unas cuantas exquisiteces extremeñas, como la morcilla típica, muy especiada pero riquísima, la torta del casar, la patatera, y por supuesto el auténtico jamón de pata negra. Sin palabras. Mención a parte merecen las migas, un plato que yo no había tenido la ocasión de probar, y que es muy sabroso.

La última parada del camino era Badajoz, completando así el trío extremeño por excelencia. Aunque seguro que nos quedaron otros sitios maravillosos por visitar, como Plasencia, Guadalupe o Trujillo, lugares de los que nos hablaron muy bien. De todos modos, Badajoz le puso una buena guinda al pastel, digo, al viaje. Es una ciudad con reminiscencias árabes que me sorprendió por su modernidad, su actividad comercial y sus rincones de ensueño. Es el caso de la Alcazaba, con una muralla totalmente paseable desde las que se tienen las mejores vistas de la ciudad. Lo mismo ocurre con la Plaza Alta, un lugar único que parece sacado de una ciudad argelí como poco. Sin duda, Badajoz tiene mucho más de lo que parece a simple vista.

Con esta escapadita corta comienzo el 2014 con ganas de más. Muy pronto tendréis noticias viajeras mías. Mientras tanto os tendréis que conformar con mi prosa de a pie, con mis andanzas del día a día, y mis retazos de vida en este mundo de locos... :D

19 de noviembre de 2013

Ser bilingüe es la solución para viajar

El bilingüismo no se encuentra entre mis aptitudes, pero después de recorrer unos cuantos países se ha convertido en una de mis metas. Ahora mismo daría todo lo que tengo por que mis padres me hubiesen llevado a un colegio bilingüe, y haber estudiado inglés desde pequeño. Este nimio detalle significaría poder disfrutar hoy en día de un nivel de inglés perfecto, con todo lo que ello conlleva. ¿No sería una maravilla? Sería un sueño poder recorrer Europa y el mundo hablando de cualquier tema, y desenvolviéndote a la perfección en el día a día. De momento esto es una utopía, porque mi nivel de inglés es medio como el de la mayoría de los mortales, madio-alto siendo optimistas. No obstante, sí noto que he mejorado gracias al contacto directo con la cultura anglosajona, pero aún me queda mucho camino por delante.

En mi último viaje a Londres me percaté del asunto: en España no sabemos inglés. En UK te das cuenta de que tu inglés, ese inglés medio-alto del que presumes, en realidad es una castaña pilonga. Te das cuenta de que es cierto que entiendes bastante a las personas cuando te hablan sobre cuestiones que puedes prever, y que con esfuerzo puedes desenmarañar ese acento british tan cerrado. Pero al mismo tiempo compruebas en el día a día anglosajón que te queda mucho para llegar a hablar como lo hacen ellos. Es una pena, porque así es como hablaríamos si desde pequeños nos inculcaran el bilingüismo, o al menos se parecería bastante. A pesar de ello, el inglés es tan útil que aunque no lo domines a la perfección te saca de muchos apuros en cualquier parte del mundo. Cuando estuve recientemente en Bélgica y Luxemburgo, el inglés era mi salvación para entenderme con la gente. En apenas unos días me voy a Alemania de nuevo, y no os podéis imaginar el valor que tiene el inglés por aquellas tierras, cuando el alemán se antoja ininteligible.

Sin duda aprender inglés es la mejor decisión para los viajes y para la vida, porque puedes conocer mundo sin necesidad de guías, excursiones programadas, ni traductores. Mi nivel medio ya me lo permite, así que si fuese bilingüe estaría en un estado continuo de satisfacción personal. Ya no sólo es cuestión de pedir la cuenta en un restaurante o solicitar habitación en un hotel, sino que con un lenguaje fluido se pueden entablar gratificantes conversaciones y conocer a mucha gente. También comprendes todo lo que te dicen, te enteras de lo que comes porque entiendes el menú de los restaurantes, y lo mejor de todo es que puedes tomar trenes o autobuses sin recurrir al lenguaje de signos.

Salir a Europa y practicar el idioma es lo más recomendable para tener ese nivel fluido de conversación, ese inglés oral que es el que más cuesta conseguir. Yo he notado mucho el avance con cada nueva incursión en tierras extranjeras. Aunque sea muy poco lo que practicas, siempre se adapta el oído y comprendes más que cuando saliste de España. Mi cuenta pendiente es sacar el tiempo suficiente, y hablo de unos cuantos meses, para irme a Londres, a Cambridge, o a donde sea, y establecerme allí durante una temporada para tomarme en serio el aprendizaje. Hacer algún curso y, en definitiva, hablar permanentemente inglés para acercarme cada día más al sueño del bilingüismo.

De todos modos, la situación actual no es culpa nuestra. El que generaciones enteras no tengan ni idea de inglés, o tengan muy poca, es culpa de nuestros gobernantes. En España están más preocupados por que la religión sea una asignatura obligatoria que por ofrecer una educación bilingüe. En cambio, en muchos países de Europa sí han apostado por educar en este aspecto, dando las clases en inglés desde pequeños o estableciendo la versión original subtitulada como algo natural en cine y televisión. ¿Cuántos seríamos bilingües hoy en día si en España se hubieran llevado a cabo estas iniciativas? La mayoría, estoy seguro. Tenemos mucho que aprender de países escandinavos o centroeuropeos, donde estas propuestas son una realidad desde hace muchos años. Lo peor de todo no es que nuestras generaciones no lo hayan conseguido, sino que a nuestros hijos también les costará. Es cierto que se ha avanzado mucho y cada vez se da más importancia al inglés, pero por el momento a los de arriba no parece importarles mucho la cuestión de la educación bilingüe, así que tocará esperar.

Personalmente aspiro a mejorar, a acercarme a la meta poco a poco, aunque sin pretensiones. De este modo podré vivir cada nuevo viaje con satisfacción, al darme cuenta de que mi soltura con el inglés va avanzando. El próximo destino es Munich, de modo que como el alemán no está en mi lista, intentaré poner en práctica el inglés lo máximo posible.

30 de junio de 2013

El último día que escribí me estaba yendo...

El último día que escribí en serio me estaba yendo a Londres, y desde entonces han pasado unas cuantas cosas. En realidad he dejado de contar algunos capítulos de mi vida, pero se puede decir que estoy en el mismo sitio que aquel 6 de marzo en el que me estaba yendo a Londres por mis días viajeros del año. He cogido cuatro aviones, unos cuantos trenes, he pasado por Inglaterra y por Francia, para finalmente volver a mi León natal a seguir escribiendo. Sí, desde aquel día en el que me estaba yendo a Londres no he parado de escribir. ¿Quién me iba a decir cuando empecé este blog que en 2013 viviría de ello y tendría hasta mi propio editor?

Editor no, editora. Muy maja ella, pero también muy exigente con los plazos, las entregas y la carga de trabajo. Nunca pensé que ser redactor fuera algo como esto. Es un trabajo muy extraño puesto que continuamente haces algo que te gusta, pero también con la sensación de que nunca llegas, de que no tienes tiempo de nada y de que cuando te acostumbras es muy difícil cambiar de registro. Por otro lado me da pena, la de haber desatendido este santo blog al escribir para otros.

En todo caso, las cosas en mi vida se reducen últimamente a currar en algo que no tenía para nada previsto. No obstante, lo dicho anteriormente, al menos he sacado tiempo para enamorarme de Londres y para pisar Francia por tercera vez en mi vida. En esta ocasión una ruta por Occitania en trío, tanto en número de personas como de ciudades. Tras mi regreso de Londres solamente pasaron quince días y ya me estaba embarcando en un viaje muy deseado e improvisado: destino Toulouse, y visitas a Burdeos y Carcasona. ¿Se convierte marzo en el mes viajero entonces? De momento sí. Porque mis días libres se han terminado y mis ahorros comienzan a resentirse. 

Estas dos escapadas por Europa han sido perfectas. Londres era la gran cuenta pendiente con el viejo continente (pareado, he vuelto on fire), y definitivamente la espera había merecido la pena. Es una ciudad en la que siempre encuentras algo que hacer, llena de ritmo y cultura, siempre despierta, y por supuesto monumental cien por cine. En cuanto a Toulouse, me sorprendió para bien, ya que fue escogido como destino porque era el único vuelo asequible para las fechas de Semana Santa. Es la mejor manera de decidirse. La ciudad roja, como así la llaman, es de lo más intimista y acogedora, con unas vistas al río Garonne impresionantes. Aprovechamos las ofertas del tren para conocer Burdeos, mucho más señorial, mucho más francesa en definitiva. Por último, la cercanía de Carcasona no se podía dejar escapar, así que cumpliendo el sueño de vivir en primera persona el famoso juego, nos adentramos en la ciudad medieval conocida mundialmente. Impactante.

Y hasta aquí mis aventurillas. Abril, mayo y junio han sido mucho más convencionales, por decir algo a modo de resumen. Me ha dado tiempo de ponerme a tono para volver, ver a gente que tenía desatendida, ver mucho cine, descubrir buena música y vivir. Aún con letras minúsculas lo de 'vivir'. Todo se andará. :)
Os dejo con una de esas canciones que han llegado a mí en los últimos días, y prometo volver pronto. 

6 de marzo de 2013

London, here we go!


¿Os acordáis de mis días viajeros del año? 9 de marzo de 2012, en Oporto. 9 de marzo de 2011, en París. 9 de marzo de 2009, en Berlín. Este año ha sido más por coincidencia de fechas que por otra cosa, pero el 9 de marzo de 2013 estaré en Londres! Por fin. Uno de los destinos que figuraban más arriba en mi lista de pendientes se convierte en realidad. Este viernes me voy a Londres durante una semana con la intención de descubrirlo todo, todo! Obviamente necesito ayuda, ¡la vuestra! Una ciudad tan grande, con tantos rincones que merecen la pena, repleta de museos y mercadillos, es difícil conocerla de un vistazo si no se está bien preparado.

Tengo ya apuntaditos los lugares míticos a visitar, como el Parlamento, Westminster Abbey, Piccadilly Circus, Tower of London, Buckingham Palace o Trafalgar Square. En cuanto a museos, el British Museum parece ser el must see, pero también visitaré la Tate Modern y el Natural History Museum yo creo. Por supuesto iré a Camden y a Covent Garden, pero por ejemplo tengo dudas de si merece la pena subir a la noria del London Eye o entrar a ver las joyas de la corona a Tower of London. También me acercaré a Greenwich que me han dicho que es una zona maravillosa!

Por favor, los que conozcáis esta magnífica ciudad, ¿podéis recomendarme sitios? Ya no sólo museos, calles, mercadillos o parques, sino también cafés con encanto o sitios baratos para comer. ¿Qué puedo comer en Londres medianamente decente? ¿Un restaurante concreto para probar el fish and chips? ¿Cuáles son las mejores cadenas de fast food en lo que a calidad se refiere? ¿Se deben dejar propinas? ¿Algún lugar imperdible desconocido para el gran público? Please, help me! ;)

18 de febrero de 2013

Cultura burgalesa...

Un mes después (no tengo vergüenza...¡ni tiempo de nada!) regreso para comentaros mi última escapadita a Burgos. Este finde pude disfrutar de un par de días de desconexión que se han convertido en culturales a más no poder. ¿Sabíais la de cosas que tiene para visitar Burgos? Yo ya había estado en otras ocasiones, pero a parte de ver su catedral, poco más había hecho.

En esta ocasión pudimos por fín visitar el Museo de la Evolución Humana. Este museo de Burgos entronca directamente con los yacimientos de Atapuerca y sus más importantes descubrimientos. El principal de los hallazgos, el famoso cráneo de Miguelón, está aquí expuesto recibiendo el lugar que se merece en la historia. Huesos de los primeros habitantes de Europa que se pueden ver a escasos centímetros. Impresionante. El resto de la exposición es una explicación y recorrido por la historia de la humanidad, con instalaciones contemporáneas e interactivas bastante interesantes.

Al día siguiente, depués de ser partícipes también de la noche burgalesa, nos dirigimos al Monasterio de Las Huelgas, completamente desconocido para mi hasta estonces. Como ya habíamos recorrido el centro histórico por todos lados, la señorita de información turística nos dio la fantástica idea de acercarnos hasta este complejo medieval. Es una cambio de aires total a un kilómetro escaso del centro, como un viaje al pasado tan sólo interrumpido por los retazos de tecnología y automoción que nos encontrábamos. El monasterio sólo lo vimos por fuera, pero fue suficiente para comprobar la belleza de un lugar tan cercano como lejano al mismo tiempo.


Finalmente decidimos subir al cerro de San Miguel y visitar el Castillo de Burgos. Se trata de las ruinas de un viejo castillo, desde donde se tienen las mejores vistas de la ciudad. No hay mucho que ver, la verdad, pero sí merece la pena pagar la entrada a las galerías subterráneas excavadas para atacar la fortificación durante el Siglo XV. Nos pusimos nuestros correspondientes cascos y nos adentramos en una especie de minas, viendo las trampas y peligros existentes, e imaginando encarnizadas batallas bajo tierra entre los atacantes y los defensores del castillo. Perturbador.

En definitiva, Burgos es una ciudad culturalmente cautivadora.

11 de noviembre de 2012

Arrivée

¡Suisse, au revoir! Sí, ya estoy en España, en realidad desde hace unos días, pero he tenido la agenda francamente apretada. Sigo con muchas cosas pendientes, así que no me voy a poder extender mucho, de modo que los detalles del viaje van a tener que esperar unos días aún. 

A modo de resumen diré que envidio mucho a los suizos, por tener un país tan bello y cuidado. Me ha encantado Ginebra porque es una ciudad mágica, y también el Castillo de Chillon, que ofrece todo lo que prometía: simplemente uno de los lugares más hermosos donde he tenido la suerte de estar. Lausana también es una ciudad encantadora que pudimos descubrir fugazmente, aunque lo mejor sin duda ha sido la compañía. La aventura del viaje pronto os la relataré, amigos blogueros. ;)

18 de octubre de 2012

Suiza por sorpresa


Las ganas que tenía de viajar desde que regresé de Oporto, me habían tenido ocupado en buscar destinos a los que hacerlo. Las fechas se decidieron hace tiempo, siendo el puente de Todos los santos el elegido por unanimidad. Cuatro días perfectos para coger un avión y desconectar del trabajo, estudios, o aquello de lo que cada uno quiera huir. El problema era el de siempre, lo caro que sale comprar un billete de avión en una época de alta demanda como es este puente. Tras mucho buscar, comparar y remirar, el único destino de Europa que salía económico era Ginebra. Así que... ¡Nos vamos a Suiza! ¡Y sin Ryanair! xD

Suiza es uno de esos países que están en medio de todo pero no reparas en su existencia. Sabes que tienen una gran calidad de vida, muy buenos chocolates y relojes, pero tampoco tienes especial ilusión en acercarte a comprobarlo. A pesar de todo, la decisión estaba tomada. Ninguno de los siete integrantes de este variado grupo había pisado nunca Suiza, así que por qué no ir a dejar nuestra huella en el pequeño país, probar sus conocidos quesos, vislumbrar las cumbres rocosas de los Alpes, y traer la maleta llenita de chocolates. ¡El plan perfecto!

Después de aceptar Suiza como próximo destino nos pusimos a investigar, y verdaderamente es un país con mucho que ofrecer. En apenas cuatro días no podremos conocer todo lo que desearíamos, pero además de Ginebra esperamos visitar la ciudad de Lausanne y los alrededores del lago Lemán, el mayor de Europa occidental. La ciudad de Montreux y el incomparable Castillo de Chillon que abre este post, uno de los más fotografiados del país, son las joyas imperdibles de esta zona. Además de todo esto, y para satisfacer la curiosidad de un grupo netamente de ciencias, intentaremos acercarnos al CERN y a su famoso acelerador de partículas, donde todo parece indicar que se ha descubierto el esquivo bosón de Higgs.

En definitiva, un país más del viejo continente que tachamos de la lista de deseos. Un destino por sorpresa gracias a las tarifas inexplicables de sus vuelos. Un lugar mágico en el centro de Europa, del que seguro volveré con mucho que contar. Por el momento sólo pido recomendaciones, ideas o consejos de todos aquellos que hayan estado o conozcan a alguien que se haya pasado por allí. Pronto os detallaré yo mis propias experiencias. :)

30 de abril de 2012

Ciencia en Valladolid

Hace muchos meses que vivo desconectado de la ciencia. Meses en los que mi vida se ha centrado en escribir, en contar historias, en leer y culturizarme de un modo muy distinto al de la universidad. No obstante lo echo de menos. Añoro los agobios de las épocas de éxamenes, los paseos por la facultad desierta, las horas de cafetería en inmejorable compañía, pero sobre todo mi bata blanca. Echo de menos el laboratorio y todo lo que ello conlleva, el aprender cosas nuevas cada día, los pequeños detalles de la vida, en el sentido más fisiológico de la palabra.

Por todo ello, hace unos días me dispuse a aunar mis dos facetas, la científica y la cultural, visitando el Museo de la ciencia de Valladolid. La ciudad pucelana está relativamente cerca, pero no sabía que disponía de un Museo de la Ciencia, que siempre son muy agradables de visitar. La última vez que estuve en uno fue en A Coruá, hace unos diez años, así que la experiencia ahora iba a ser totalmente diferente. 

Pudimos visitar la fauna del río Pisuerga en lo que se conoce como La casa del río, y también una exposición sobre el coche eléctrico que ocupó la mayor parte de nuestro tiempo. Por eso, el resto de la visita fue muy rápida, demasiado, apenas disfrutando de los aparatos más llamativos, y empapándonos al máximo de la biología, la física, la química... dos personas que tanto las añoraban. 

Es un museo altamente recomendable, al que sin duda volveré con tiempo para poder verlo todo sin la presión del cierre persiguiéndonos. Al menos ha servido para lo que ya sabíamos, que soy hombre de ciencia y hombre de fé. Hombre de letras, pero también hombre de bata blanca. La dualidad personificada que siempre ha existido en mi ser... 
 

21 de marzo de 2012

En la ribeira do Douro

¡Ya he vuelto de mi pequeño viaje a Oporto! En realidad ya llevo varios días en España, pero el poco tiempo disponible y las obligaciones no me han permitido actualizar antes. ¡Qué decir de la maravillosa Oporto! ¿Con el adjetivo 'maravillosa' os queda claro? :) Me ha encantado la ciudad y el buen ambiente existente en la segunda ciudad de Portugal, pero creo que tras mucho meditarlo, para mí se convierte en la primera, de momento.

Decidimos ir a Oporto por lo barato que era, tanto el viaje como el alojamiento, nos salió tirado de precio, pero luego nos ha parecido un destino inolvidable. Cuenta con la decadencia que ya considero típica de Portugal. Esa milimetrada dejadez en construcciones y fachadas, que le da un encanto excepcional a cada rincón de Oporto. La he bautizado como 'la ciudad de casitas de colores que se reflejan en el río Douro'. Es un poco largo, pero la primera foto que adjunto confirma que la definición es acertada. Son las casitas de la Ribeira do Douro, un paseo a orillas del río con el mejor ambiente de bares y restaurantes de la ciudad, muy buena variedad gastronómica y buen precio. Un día pudimos cenar en uno de estos restaurantes, con las mejores vistas de la ciudad. En la segunda foto podréis ver lo cerca que estábamos del puente y del río. Simplemente impresionante.

En la ciudad de Oporto no hay muchos monumentos o puntos de interés para el turista. Al menos no hay tantos como en Lisboa, ciudad con la que yo lo comparaba a cada momento, aunque no tienen nada que ver en realidad. Podemos visitar el centro más señorial y elegante de la ciudad, que es la Avenida dos Aliados. También es interesante visitar las múltiples iglesias que surgen en cada esquina, la mayoría de ellas con hermosos azulejos de color azul, uno de los símbolos del país. A destacar la Torre de los clérigos, desde cuyo punto más alto se divisa toda la ciudad, un increíble mosaico de tejados naranjas con el Duero como única disonancia. Por último, la librería Lello e Irmao es una visita imperdible en Oporto, con su impresionante escalera roja. Es el lugar dónde se rodaron algunas de las escenas de Harry Potter, y para mí es la librería más hermosa que he visto en mi vida.


A otro lado del río Duero esta Vilanova de Gaia, otro municipio pero la misma ciudad. En esta parte están las afamadas bodegas del vino Oporto. Desde este lado se obtienen también las mejores fotografías de toda la Ribeira do Douro. Están aquí las embarcaciones que transportaban antiguamente el vino de una orilla a otra, y que ahora permanecen ancladas perennemente en este lado del Duero, mejorando si cabe la instantánea de la ciudad. Nosotros pudimos subir al mirador de la Sierra del Pilar, que no está muy lejos, y la panorámica es espectacular!

Además nos dió tiempo a acercarnos a Guimaraes, considerada la cuna del país, y que casualmente es la 'Ciudad europea de la cultura 2012'. Es una pequeña ciudad medieval que está a unos 50Km de Oporto, a la que se puede ir cómodamente en tren. Tiene un castillo muy bien conservado, cuya visita es gratuita, y está considerado como una de las maravillas actuales de Portugal. También pudimos subir en teleférico hasta la Montaña da Penha, desde donde se tienen las mejores vistas de Guimaraes, y existe un hermoso parque natural dónde perderse y disfrutar.

 No nos quedaba mucho tiempo para pasear por esta hermosa ciudad, que más que para visitar está pensada para disfrutar. Por eso decidimos acercarnos a Foz do Douro, la desembocadura de tan conocido río. Allí pusimos el broche de oro al viaje, paseando por la playa, sintiendo el fuerte oleaje del Atlántico en nuestra piel, y contemplando uno de los más hermosos atardeceres de nuestras vidas. Así acabó la visita a Oporto. El sol de Portugal se fue, pero volverá a brillar en otro destino, en otro viaje que espero sea tan excepcional como éste.

9 de marzo de 2012

Días viajeros en Oporto

Lo de mi diario de viaje del otro día no era casual. Quería hacerlo sí o sí, porque verdaderamente se juntaba con otro viaje, uno inesperado que surgió hace pocos días de la nada. Una visita fugaz a Oporto. Tres días en los que empaparme de una de esas decadentes ciudades portuguesas que tanto encanto tienen. Tres días de marzo cualquiera, que desde ahora se convierten en mis días viajeros del año.

Hoy 9 de marzo pongo rumbo a Oporto. Hoy 9 de marzo de 2012, me voy lleno de ilusión rumbo a Portugal, como me iba el mismo 9 de marzo de hace tres años a descubrir Berlín. Estaré tres días en Oporto, para volver el lunes 12 con las energías renovadas. Los mismos tres días en los que estaba disfrutando de París el año pasado. Definitivamente estos son mis días viajeros, y este año toca volver a Portugal... ¡ojalá se convierta en una tradición!

Esta vez sí, lo prometo, os contaré a mi regreso lo vivido, y con todo lujo de detalles. Mientras, os dejo con una impresionante vista de uno de los símbolos de Oporto. :)


6 de marzo de 2012

Inolvidable ruta por el norte de Italia

Ya hace más de cuatro meses que tuve la oportunidad de descubrir el norte de Italia, como ya os había dicho aquí, la mayor parte de lo que me quedaba por conocer de tan magnífico país. Pues bien, como dicen que más vale tarde que nunca, y como a este paso se van a juntar mis aventuras por Italia con el próximo viaje, hoy me he decidido a resumir en cuatro pinceladas las maravillas de cada una de las ciudades que visité. Podría formar parte de una nueva sección de Yopo guía turístico! xD

Milán:

Primer lugar de destino. Una ciudad muy contaminada, es cierto, se nota en cada calle y casi en cada bocanada de aire, pero al mismo tiempo una ciudad muy sorprendente. En cada rincón descubrías algo llamativo, preciosos parques, señoriales casas, monumentos desconocidos que merecían ser fotografiados. Y llegamos a la joya de la corona, su Duomo que aparece fotografiado a la izquierda. Sin lugar a dudas es la catedral más bella que han podido ver mis ojos. Para mí mucho más bonita que la de Notre Dame, más imponente y espectacular, aunque cada una tiene su estilo. Pudimos subir al tejado, y ver de cerca las gárgolas de la catedral, los miles de pináculos y esculturas que no dejan indiferente a nadie, es sencillamente impresionante. Las galerías de Vittorio Emmanuelle son un regalo para la vista, con mosaicos en el suelo y tiendas de lujo que te transportan al Milán más esplendoroso. El teatro de la Scalla o el Castillo de Sforcesco hacen de Milán una ciudad muy completa para el turista.

Lago di Como:

A escasos kilómetros de Milán se encuentra el conocido Lago di Como. Frecuentado por estrellas Hollywoodenses, el Lago di Como es un remanso de paz y tranquilidad, con hermosas casitas encaramadas a los lados de la montaña. Estuvimos en la ciudad de Como, pequeña pero acogedora. Luego tomamos un barco que nos dio un paseo por el lago, hasta el pueblo de Bellagio, uno de los más típicos de la zona, con casas de cuento y calles empedradas que nos transportan al pasado, hermosísimo! Terminamos la visita en Varenna, el pueblecito que aparece en la foto, un lugar con mucho encanto en el que degusté las mejores pizzas de todo este viaje a Italia!

Turín:

Turín fue una de las ciudades que más me gustó. Torino, que así es como la llaman los italianos, es una ciudad elegante y majestuosa, una ciudad típicamente italiana en sus construcciones, pero con todo el encanto imperial. El Palacio de Madama es uno de los referentes, con su fachada barroca en contraste con su parte de atrás medieval. El Palacio Real, o el Borgo Medievale hacen de Turín una visita excepcional para el turista. Pero sin duda, el símbolo de Turín es la Mole Antonelliana que os dejo a la izquierda, silueta inconfundible en el skyline de  la ciudad, con permiso de los Alpes, que se presentan majestuosos a escasos metros de la ciudad.

Génova:

La ciudad de Génova fue todo un descubrimiento. Tiene el encanto de la Italia más tradicional, y un punto decadente que la hace más especial si cabe. En Génova destaca el Puerto antiguo, en el que Renzo Piano, célebre genovés, proyectó Il Bigo, una maravilla de la arquitectura contemporánea que alberga una plaza cubierta y un ascensor panorámico. Otros monumentos llamativos son el Duomo o la casa natal de Cristóbal Colón. Pero sin duda, uno de los rincones más especiales es el pequeño pueblo de pescadores de 'Boccadesse' que veis a la derecha, con una pequeña playa de guijarros que se abre paso entre las callejuelas de un humilde barrio de casas rojas y amarillas. Un lugar de ensueño con vistas al mediterráneo, dónde vivimos uno de los momentos más agradables del viaje.

Venecia:

Como ya os había dicho, Venecia era un reto. Pude conocerla hace unos cuantos años, y redescubrirla ahora fue todo un acierto. No obstante, no acabo de encontrarle la majestuosidad que muchos dicen que tiene. Me parece una ciudad mágica, diferente y acogedora, eso desde luego. Esta vez pude ver la zona de Rialto con calma, darme varios paseos por el Gran canal, y disfrutar mejor de San Marcos y el imponente campanile. Dedicamos mucho tiempo a callejear y a perdernos (nunca mejor dicho) entre sus casitas desconchadas y sus cientos de puentes.

Bolonia:

La ciudad roja supuso la visita más fugaz de todo el viaje. Tampoco tiene muchas cosas que ver, simplemente disfrutar de un agradable paseo por esta peculiar ciudad medieval. No nos fuimos sin probar la decliciosa mortadella y la salsa boloñesa, que en realidad allí se llama al ragú! A destacar la Piazza Maggiore, con la increíble fuente de Neptuno, así como el Palacio Re Enzo, y la gigantesca basílica de San Petronio, que hacen del centro de la ciudad una especie de viaje al pasado. También están muy cerca las torres medievales Asinella y Garisenda, la primera de ellas visitable. Subiendo más de 500 escalones se accede a lo más alto de la torre, desde donde se divisa la hermosura de la ciudad roja.

Hasta aqui el viaje. Eso fue todo lo que dio de sí el norte de Italia. Creo que Italia, después de España, es el país que mejor conozco... y siempre queda algo que ver en tan histórico país. Espero que sirvan de algo mis recomendaciones y recorridos a los que vayan a viajar. Y por supuesto, nos vemos en el próximo destino, más pronto que tarde! ;)

14 de diciembre de 2011

Hasta siempre al Niemeyer


Hace unos días pude escaparme a Avilés, en Asturias, para conocer el famoso Centro Niemeyer que fue inaugurado este mismo año. Lo paradógico del caso es que se ha abierto y cerrado en un tiempo récord, alegando como causa principal la crisis económica, o al menos eso dicen los gobernantes que ahora han tomado esa decisión, y que se les presenta como perfecta excusa para seguir llenándose los bolsillos sin remordimientos.

El Centro Niemeyer es un centro cultural que surgió como un soplo de aire fresco para la ciudad de Avilés. El proyecto es el único que ha realizado en Europa el reputado arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, y gracias a él se ha rehabilitado la degradada ría de Avilés. Al mismo tiempo ha puesto a dicha ciudad en el mapa, lástima que casi no haya dado tiempo a conocerlo, y se hayan borrado de un plumazo las ilusiones de los asturianos, en lo que a turismo y oportunidades se refiere.

Se abrió al público esta misma primavera, poco antes de las elecciones autonómicas. Resulta curioso, y quizás sea solo una mera casualidad, pero el centro se ha cerrado escasas semanas después de la elecciones generales, por discrepancias relativas a la gestión del mismo. Dicen que es un cierre temporal, pero como para creer a nadie a estas alturas de la película.

La verdad es que tuvimos mucha suerte de poder verlo en sus últimos días de vida, y comprobar la grandeza de la arquitectura contemporánea. Una enorme plaza abierta al mundo, una cúpula blanca como sala de exposiciones, un auditorio que se convierte en escenario abierto ideal para conciertos, así como un excepcional mirador que hacía las veces de coctelería. Todo eso es el Centro Niemeyer, y disfrutar de una mañana recorriéndolo, descubriéndolo y disfrutándolo ha sido un privilegio para mí, puesto que ya no está disponible para que todo el mundo pueda hacerlo. Una verdadera pena.
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Ya sólo me queda reivindicar desde este pequeño rincón que se replanteen semejante decisión, y el Centro Niemeyer abra sus puertas de nuevo en un futuro cercano. Sería un auténtico crimen dejar morir un sitio así...