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31 de diciembre de 2014

Un balance feliz

Lo sé. No tengo remedio, ni perdón de Dios, ni nada por el estilo. Abandono a mi querido blog a las primeras de cambio y luego no doy señales de vida hasta que llega una fecha señalada y siento la necesidad imperiosa de no dejarla pasar. Y esa fecha es hoy, fin de año, 31 de diciembre de 2014, momento de hacer balance y de recordar que ya es mucho tiempo el que llevo por aquí. Nunca demasiado.

Mañana, 1 de enero de 2015, este blog cumple 7 años. Vale que durante este último he estado bastante ausente, por no decir totalmente desconectado. Pero sigue existiendo, y de un modo u otro me surgen ideas para postear y cosas que contar, que luego por falta de tiempo o ganas no acabo de plasmar. Lo que quiero decir es que el espíritu del blog sigue en mí, que sigue existiendo ese algo que me hace ver el mundo con ojos de contador de historias, de buscador de momentos, de narrador de vidas propias y ajenas. Por ello, uno de los propósitos de año nuevo es retomar el blog en la medida de lo posible, e intentar no abandonarlo a su suerte durante meses. Porque siempre estará conmigo, y yo con él. Espero que me sigáis acompañando los pocos que aún quedáis por aquí.

Dicho esto, y anunciado el aniversario del blog que siempre es un momento para celebrar, quiero deciros que estoy feliz. Que mi 2014 ha sido bueno e incluso muy bueno, aunque siempre hay mucho que mejorar, obviamente. Desde que no escribo han ocurrido muchas cosas en mi vida, cambios que seguramente supongan un punto de inflexión más allá de lo que significan en este momento. El 2014 me ha servido para crecer, para darme cuenta de lo que quiero y de lo que no, para encontrarme a mí mismo en lugares que hasta ahora nunca había transitado. Creo que eso es bueno, y ya sólo por este hecho recordaré 2014 como un año diferente y especial. Si me preguntáis qué balance hago de este año, creo que podría responder solamente con un calificativo: Un balance feliz.

Espero que vuestros balances anuales sean así de positivos, y que recibáis al 2015 con alegría e ilusión.
¡¡Feliz año para todos!!

12 de octubre de 2014

Alguien que lo cambia todo

De repente llega alguien que lo cambia todo
Una revolución que ocurre sin apenas saber cómo. 
Trastoca tu mundo, tu vida, tu perspectiva de las cosas.  
Esa persona que hace un mes no existía, 
y ahora es imposible aguantar sin hablar un solo día. 
Compartir momentos, miradas, planes, alegrías. 
Pensar en lo que pueda pasar, atreverte a vivir, 
y tener miedo al significado de 'sentir'.
Esa persona existe, y aparece para quedarse, para retarte, 
para darte más de lo que pides. 
Y caes rendido. No lo puedes evitar.
Transforma tu universo en algo bonito, en algo más que un lugar.
Te das cuenta poco a poco, pero ya estás perdido.
Una sonrisa basta para querer más, una palabra se torna perfecta 
cuando sale de su boca y se convierte en realidad.
Los minutos se hacen segundos a su lado... y tú te preguntas, 
¿es esto la felicidad?

1 de noviembre de 2010

I want to know what love is...

Me gustaría tanto saber qué es el amor... Creo que nunca he llegado a poder definirlo, a palparlo... Y esta canción me ha abierto un poco los ojos... xD
Así estoy hoy... melancólico, rememorando los felices años ochenta, sintiendo cada verso de este tema como nunca antes...

I want to know what love is
I want you to show me
I want to feel what love is
I know you can show me

3 de mayo de 2010

Tres vidas en un instante...

Clara. En ese instante salía del quiosco que había debajo de su casa, con el periódico en la mano, revisando las monedas que le había devuelto el quiosquero. Estaba feliz, pues Diego le acababa de pedir que se casara con él. Era el amor de su vida. Él la esperaba en el bar de enfrente. Clara se paró a la salida del establecimiento para guardar la vuelta en la cartera, y dirigió la mirada hacía la terraza de la cafetería del otro lado de la avenida. Allí estaba Diego; lo vio y sonrió.

Diego. En ese instante estaba sentado en la terraza de la cervecería que había frente al portal de Clara, pensando en lo feliz que iban a ser los dos. Se iban a casar, la amaba tanto... Mientras ella compraba el periódico, Diego había pedido un par de cervezas. La vio salir del quiosco. Era tan hermosa. Se paró en la acera y le sonrió. Diego le devolvió la sonrisa.

Adela. En ese instante se sujetaba con dificultad a la barandilla del balcón de su casa. Se encontraba ya por fuera de los barrotes, y a sus pies le quedaban cinco pisos de caída libre. Siempre la habían tomado por loca, pero lo único que la trastornaba era el amor. Estaba loca de amor. Desde el día que lo conoció, Adela amaba a Diego, el novio de su hermana, con la que vivía en la casa de sus padres desde que estos murieron. Albergaba un odio irracional hacia Clara, un odio que la devoraba por momentos, y que ella había intentado atajar en vano. Nunca podría tener a Diego, y más ahora que acababa de conocer la noticia de su futura boda. La única forma de terminar con su sufrimiento era saltar. Y saltó.


Clara. Un instante después, yacía sobre la acera con el cráneo roto, y sus extremidades en posiciones difíciles de imaginar. Un charco de sangre la asediaba. Estaba muerta. El peso de su hermana aún sobre la espalda, una absurda sonrisa en la boca, y la mirada perdida sobre los adoquines.

Diego. Un instante después, corría entre el denso tráfico, evitando resultar atropellado. Lo había visto todo. Cuando llegó al otro lado de la calle, dejó fluir las lágrimas que se agolpaban por salir. Echó a un lado a Adela, y tomó el cuerpo de Clara entre sus brazos. La sangre seguía saliendo de la cabeza de Clara. Las lágrimas seguían brotando de los ojos de Diego. Sólo acertó a decir, “Te quiero. Me casaré contigo.” Lo repitió una y otra vez.

Adela. Un instante después, abrió los ojos y seguía viva. Había caído, pero tan sólo algunos golpes en su cuerpo lo certificaban, porque algo blando había evitado su muerte. Una mujer. Tardó poco en darse cuenta de que era su hermana Clara. Quiso morir. Una vez más. Fue apartada por Diego con brusquedad. Adela se levantó como pudo e intentó alejarse, cojeando. Antes de cruzar la calle, Adela se giró. Vio el cuerpo de su hermana, su cabeza pendiendo de los brazos de Diego, que le declaraba su amor de nuevo. No lo soportó, y se decidió a cruzar la avenida. Dio un paso al frente. Dos. No llegó a completar el tercero.

Relato basado en hechos reales.

30 de octubre de 2009

Cuando habla el corazón...

Al verla por primera vez ya supe que la quería, que sería la mujer de mi vida. La limpia oscuridad de la noche nos envolvía, y únicamente la luz de nuestras habitaciones iluminaba el insondable patio que nos separaba.
Su ventana frente a la mía, y las cortinas descorridas, cuando apareció su inolvidable silueta. Jamás la había visto, pese a que presumiblemente vivía en el edificio de al lado. Caminaba de un lado a otro de su habitación, mientras se soltaba su rubia melena. Me quedé embobado. Apenas tendría veinte años, y atesoraba en un solo ser toda la belleza del mundo.
Ella reparó en mi presencia, sonrió, y en escasos segundos cerró las cortinas, bajó la persiana, y apagó la luz. Hubiese jugado a ser trapecista, me habría arriesgado a cruzar sin red por las cuerdas de tender la ropa que iban desde mi ventana a la suya, tan sólo por verla un instante más.
Esa noche no pude dormir. Había constatado que existen los flechazos. La había visto unos segundos y tenía la certeza de que estaría siempre a su lado.

A la mañana siguiente me desperté pensando en ella, e instantáneamente abrí la ventana de par en par. Ella no estaba. Sus persianas bajadas. Me disponía a dar media vuelta, cuando lo vi. Allí, ondeando al aire, como un banderín que me señala el camino, un papel prendido con una pinza a la cuerda de la ropa. Lo cogí, tembloroso y eufórico al mismo tiempo, y me sorprendí al comprobar que lo único escrito era una dirección de correo electrónico. En un santiamén encendí el ordenador, y la agregué a mis contactos. La mensajería instantánea podía ser mi salvación.
A los pocos minutos un austero “hola” en la pantalla, me atravesó el corazón. Alicia me estaba hablando, ahora sabía su nombre. Eché un vistazo por la ventana y la vi al otro lado del patio, sentada frente al ordenador, con su sonrisa celestial, su pelo al viento hipnotizándome, y su manita de terciopelo saludándome. Definitivamente me había enamorado.

Así pasaron las semanas. Hablando todos los días a través de Internet durante horas, viéndonos a pocos metros de distancia, pero alejados por la longitud del abismo que dibujaban nuestras ventanas.
Nos lo contamos todo. Nuestras solitarias vidas, nuestras tristes dificultades, nuestras virtudes y nuestras flaquezas. Nos compenetrábamos al máximo. Lo que a mí me faltaba, ella lo tenía. Lo que ella no podía abarcar, yo se lo daba.
Le insistía cada día para que quedásemos, y así poder sentirla y abrazarla. Pero ella sostenía que se perdería la magia y que era mejor así. En realidad, lo único que ocurría era que el miedo la superaba. Pensaba que yo no soportaría su situación, y que dejaría de quererla por ello. Para mí eso no suponía ningún problema, más teniendo en cuenta que yo era como ella. Nadie podía entenderla mejor que yo. Siempre le decía que cuando habla el corazón no hace falta decir nada. Y escuchar al corazón es más fácil que escuchar a las palabras.

Después de varios meses, Alicia accedió, y por fin nos vimos sin distancia de por medio. Quedamos en su portal. Nos dijimos “hasta ahora” a través del chat, y nos decidimos a salir de nuestras casas al mismo tiempo. Corrí escaleras abajo para abrazarla cuanto antes. Salí de mi edificio y en seguida me planté en su puerta. Su sombra se perfiló tras el cristal, y después de unos segundos interminables, abrió. Nos cogimos de la mano, y nos besamos. Le dije que la quería como a nadie en mi vida y, aunque yo no habría oído su contestación, ella no respondió. Nunca lo haría. Tomó mi mano y la puso sobre su pecho. Me lo dijo su corazón.

26 de agosto de 2009

Falling slowly...

Hace ya unos meses que tuve la oportunidad de ver la película Once. Una joyita irlandesa, que es una especie de musical indie, modesto, sincero y emotivo, que con su insuperable banda sonora me conquistó.

La película narra el encuentro de dos almas perdidas por las calles de Dublín, que un buen día tropiezan, y comprueban que les une algo más que la música.
Es una maravilla de escasos noventa minutos, que te cautiva con su magistral banda sonora, que te envuelve desde el primer minuto, y en la que dos personas con muy pocos instrumentos, protagonizan el dueto musical más tierno y memorable de los últimos tiempos.

Once es algo más que una película con canciones buenas… Es una vida escrita con notas musicales, representada en partituras, e interpretada con unas voces que nacen del corazón. Es el amor sin necesidad de contarlo con palabras, es cuando la música sustituye a las miradas, es un piano y una guitarra que cobran vida en cada secuencia. Once está tan llena de vida, que es imposible no dejarse llevar. Algunas escenas son simplemente perfectas. El primer dueto de los protagonistas, o cuando ella recorre la húmeda noche de Dublín sin más compañía que su voz… son instantes que se te quedan grabados en la retina.

A destacar, el Oscar que ganó a la mejor canción por Falling slowly, que es una de mis favoritas de su maravillosa banda sonora. Además también se hizo con el premio del público en Sundance, y ya se sabe que la opinión de la audiencia suele ser la más acertada.
Adjunto emotivo y sensacional video de la canción ganadora del Oscar, cuyas notas se fusionan a la perfección con las imágenes de la película. Simplemente conmovedor.

19 de junio de 2009

Disconnected

Tal vez nunca hubiese ocurrido esto, si yo hubiese tenido un poco más de paciencia con él, pero es que estaba tan cansado de que me tomara el pelo, que tuve que hacerlo.
Últimamente, todos los días eran igual, la misma historia. Hacía lo que le daba la gana, siempre me dejaba a medias cuando más lo necesitaba, ya no me hacía caso, y a mí eso me enfurecía tanto, que perdí los papeles, e incluso hubo gritos y golpes. Así que, no me quedó otra opción.

Hasta estas últimas semanas en que todo se truncó, yo lo quería mucho, tenía pasión por él. Habíamos disfrutado mucho los dos juntos durante todos estos años, me había dado lo mejor de él, me había sacado una sonrisa en momentos bajos, me había hecho olvidarme de los problemas, y siempre estaba ahí cuando lo necesitaba, sumiso y dispuesto. Yo le había respondido del mismo modo, tratándolo con cariño, mimándolo… Era como si estuviésemos conectados el uno al otro, yo no podía vivir sin él. Pero llegó un momento en que se volvió loco, ya no estábamos en la misma sintonía, y su comportamiento colmó mi paciencia.

Al final, no tuve otra elección. Tuve que liquidarlo. Y en este momento, cuando estoy deshaciéndome de sus restos, ya lo estoy echando de menos. Pero ahora no hay vuelta atrás. Ya nunca volverá, y sólo me quedan los buenos ratos que viví junto a él… lo demás, lo malo, quiero olvidarlo. Espero que él, allá donde vaya, no me guarde rencor por lo que he hecho. Porque aunque yo ya me haya enamorado de otro y esté en casa esperándome, todo esto fue culpa suya, porque él fue el que empezó a fallar, y a mí no me quedó más remedio que comprarme un nuevo televisor. Me espera un plasma en el salón.

9 de junio de 2009

Midnight kiss

Hace unos días vi una película que me conquistó en tan sólo cinco minutos, y como esta temporada no ha habido ninguna Pequeña mis sunshine, ninguna Juno, la catalogo desde ya como la joya indie del año.
Con un planteamiento de lo más original, y unos diálogos frescos y divertidos, Buscando un beso a medianoche (que así se titula) es una de las películas que más he disfrutado en los últimos tiempos.

Buscando un beso a media noche recuerda a las ya célebres Antes del amanecer y Antes del atardecer, es decir, dos personas que tienen una relación fugaz que les marcará para siempre. Pero en este caso, el guión está teñido de un humor brutal, unos diálogos sublimes, y algunas escenas memorables… todo ello al servicio de unos personajes heridos que buscan simplemente no estar solos y sentirse queridos. La película va más allá del puro amor y el romanticismo, que quizás edulcoraban demasiado tanto Antes del amanecer como Antes del atardecer. Aquí romanticismos los justos; lo que hay, sin embargo, es mucha sinceridad.

Es una historia distinta. Los protagonistas lo único que quieren es tener compañía la noche de fin de año, poder besar a alguien en ese momento, y cumplir con la tradición americana que vemos todos los años desde este lado del charco. Para lograrlo, se registran en una página de contactos en Internet, quedan para conocerse, y ahí viene uno de los momentos más hilarantes del film: El momento de la cita a ciegas, en el que él descubre a la que parece una niña caprichosa y cruel; y ella, a un perdedor que siente apatía por todo lo que le rodea. Pero durante esa tarde descubrirán que nada es lo que parece, y que juntos pueden huir de su soledad, recorriendo las calles de Los Ángeles, riendo en el metro, olvidando el ayer en las luces nocturnas de la ciudad.

Así que, si tenéis la oportunidad, no dejéis de ver esta película. Es maravilloso encontrarte de vez en cuando con una joyita como ésta, y comprobar que para hacer buen cine, no hace falta un enorme presupuesto, sólo se necesita una buena idea, unos actores que hagan bien su trabajo, y un mejor guión.
Si con esto no os he convencido, os dejo la tronchante escena de la cita a ciegas, que seguro que es el estímulo definitivo para que corráis a verla.


6 de mayo de 2009

Rue du succès

Hace unos días que vengo escuchando en todos lados una canción de un desconocido dúo, que me ha sorprendido gratamente. Nada sabía de ellos hasta ahora, y ya forman parte de mi discografía particular.
Os hablo de Calle París, un grupo formado por Patricia y Paul, dos hermanos bien avenidos, mitad franceses mitad españoles, que traen un pop fresco y desenfadado. Componen desde niños sus propias canciones, tienen un sello personal, marcado por la característica voz de Patricia, y por fin ahora parece que están encontrando su hueco.

Si no los conocéis aún, aquí os dejo su carta de presentación llamada Te esperaré. Este dúo va bien encaminado, pisando fuerte por la calle del éxito.

3 de mayo de 2009

Real love

Llevaba varios meses chateando con Campanilla, y por fin había llegado el momento de conocerla. Príncipe de la satisfacción, así se llamaba él en el chat, aunque en la vida real no era más que un Juan cualquiera.
Un hombre desencantado de la vida, sin sueños, agobiado por el trabajo, y durmiendo cada noche con una mujer a la que ya no quería. Llevaba 20 años casado con Amanda, y aunque se dieron el sí quiero enamorados, ahora ya no era lo mismo. Juan no había formado una familia, no tenía nada que compartir con su mujer, y le sobraba una vida aburrida y monótona, que quería tirar a la basura de una vez por todas.

Por eso, Juan pasó a llamarse Príncipe de la satisfacción, en busca de un aliciente, una aventura, algo con que aderezar su insípida existencia. Pero lo que encontró fue el amor
Un día conoció en el chat a Campanilla, y desde entonces, hablaban con frecuencia. Siempre chateaba desde el trabajo, lejos de miradas indiscretas de su mujer. Se fueron conociendo poco a poco, y así se enamoraron.
Nunca se habían visto, nunca se habían enviado fotos, ni hablado a través de la web cam. Ellos lo preferían así; querían que la primera vez que se viesen fuese inolvidable, que fuera el flechazo que cambiase sus vidas para siempre.

Quedaron en verse en un local del centro. Campanilla se pondría un vestido rojo, y él llevaría un pañuelo del mismo color para no pasar inadvertido ante los ojos de su amada.
La cita era esa noche, pero a Juan le quedaba toda una tarde de trabajo por delante; se le iba a hacer eterno. A su mujer le dijo que trabajaría hasta tarde. Tampoco necesitaba darle más explicaciones.

Por fin llegó el momento. Juan estaba ante la puerta del bar. Sacó del bolsillo de su chaqueta el pañuelo rojo, y apretándolo con fuerza entre sus dedos, entró en el local.
Avanzó entre la penumbra, las luces, y el gentío… y allí estaba ella. Sentada al final de la barra, fumando un cigarrillo de espaldas a la puerta. Juan llegó hasta ella, estaba a sólo unos centímetros, y seguían sin conocerse. Perpetuó unos segundos ese momento, para que no se borrara jamás de su memoria. Cogió el pañuelo, le tapó los ojos, y susurró: “Hola Campanilla”. Ella no respondió, pero Juan intuyó una sonrisa. La tomó de la mano, para que girase sobre sí misma; ella seguía con los ojos vendados, pero Juan pudo adivinar su rostro entre luces y sombras. Campanilla se quitó el pañuelo, y al fin se conocieron.

Los ojos de Amanda se clavaron en los de Juan. El pañuelo rojo cayó al suelo. Los dos se miraron en silencio, sin saber qué decir, inmóviles, y aún cogidos de la mano… Se habían visto por primera vez hace unos instantes, y sin embargo, se conocían de toda la vida.

6 de marzo de 2009

Un juego de niños...

Acabo de ver una película que me ha dejado en estado de shock. Aún sigo dándole vueltas a la historia, a su final… Es una cinta diferente, original, sorprendente, emotiva… de esos films que al acabar, no sabes si te ha encantado, o por el contrario, piensas que te han tomado el pelo… Y por eso he venido aquí, a intentar aclararlo… aunque creo que es más bien lo primero.

La película es Quiéreme si te atreves, pésima traducción (una de tantas…) de Jeux d´enfants, un film francés estrenado poco después de Amelie, y que bebe de la fantasía de ésta cosa mala. Una vez asumido ésto, algo que queda claro a los tres minutos de metraje, la película se convierte en una novedosa historia de amor, que es de lo más sorprendente que he visto en mucho tiempo. Está claro que no estamos ante la nueva Amelie, pero durante algunos minutos, recuerda a esa pequeña gran obra de arte.
Pero si la película de Jean-Pierre Jeunet es una obra maestra, y supuso un antes y un después en la historia del cine, no se puede decir lo mismo de Quiéreme si te atreves. Tiene un final tan sorprendente, que aunque te lo dijeran al inicio de la cinta, no te lo creerías. Y ésto es parte de su grandeza, pero también un punto en contra, es lo que produce ese estado de shock del que os hablaba… y del que aún me estoy recuperando.

El argumento es de lo más curioso: dos amigos que se proponen retos a cada instante, Sophie y Julian. Ellos han diseñado las reglas de su propio juego, que sólo consiste en atreverse. Son capaces de todo, desde lo mejor a lo peor. ¿Pero serán capaces de reconocer que se aman? ¿Capaz o incapaz? Capaz.
Viven la historia de amor y amistad, más loca que se haya visto nunca. En realidad ellos dos están como verdaderas regaderas, y juegan con la vida, se juegan la vida, solamente porque se atreven a ello.

Los actores están francamente bien. La ganadora del Oscar Marion Cotillard, está simplemente perfecta, compartiendo la mayoría de los planos con Guillaume Canet, que también está muy correcto. Y el director, pues he de decir que no sabía mucho de él, pero ya en su debut, ha sido capaz de hacer un film inolvidable… parece que le hubiesen dicho "¿A que no te atreves a terminar así la película?" Y él contestó, "¿que no me atrevo? Verás si me atrevo…" Quizás por eso, expone también una especie de final alternativo, que invita a reflexionar.

Lo que está claro es que es una película que no deja indiferente a nadie, de las que con el paso del tiempo siguen perdurando en tu memoria… Tiene algo especial, pero no sabría decir qué es… Es un homenaje al amor eterno… un imaginativo y colorista retrato del juego del amor, que no deja de ser eso, un juego. Libres de cualquier convencionalismo, ellos juegan y juegan, y no pueden parar… viven su desquiciado amor de la manera más intensa posible, es un juego de niños, divertido, delirante y espontáneo, que les llevará a destinos insospechados.

Vivir, matar, morir, olvidar, herir, temer, engañar, destruir, perder, reír, llorar, callar, perdonar… ¿Qué serías capaz de hacer por amor?

2 de marzo de 2009

Un sueño de dos...

Caminaban por la ciudad sin rumbo fijo ni dirección. Laia y Samuel paseaban por las calles, sin saber adonde les llevarían sus pasos, sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor, viviendo en un mundo sólo para dos.
Hablaban sobre cosas triviales, se reían sin motivo aparente, se entendían… y siempre había sido así. Laia y Samuel eran amigos, eran cómplices, no les hacía falta decir nada: sonrisas, miradas, sobran las palabras…
Un día se amaron, ahora solamente se quieren. En el pasado se lo dieron todo, pero la vida los separó; y aunque se compenetraban, eran muy diferentes y ambos lo sabían. Por eso se acabó.
Pese a todo, los dos se seguían teniendo muy presentes, contaban el uno con el otro incondicionalmente, había algo especial, de esas cosas que no se pueden explicar. Sabían que la vida se la había jugado, y de algún modo, ambos tenían una cuenta pendiente con su mayor enemigo. El destino.

Al cruzar un puente, se detuvieron advertidos por la luz rosada del atardecer, y se apoyaron en la barandilla a contemplar el ocaso. El río a sus pies, y en el horizonte las montañas donde se conocieron, las que les vieron crecer, dibujaban una silueta incomparable, mientras el sol se intentaba esconder. El cielo se tiñó de rosas y morados, y en ese instante sus miradas tropezaron. Una sola palabra se escapó de los labios de Samuel: bésame.
Laia le miró, sin comprender, y sin apenas darse cuenta, se fundieron en un beso eterno, un beso especial, dulce como el chocolate, distinto a todos los demás, que apaciguaba el deseo que les consumía por dentro. No había nada que decir, no había tiempo para hablar.

Sin saber cómo llegaron hasta allí, Laia y Samuel se encontraron abrazados en una bañera en plena ebullición. La luz parpadeante de las velas que les rodeaban, eran el marco perfecto para tenerse el uno al otro. Inmersos en el agua cubierta de pétalos de rosa azules y verdes, nadaban en un mar turquesa dando rienda suelta al amor. Samuel reposaba en la bañera con Laia sobre él, enredados bajo el agua, cuerpo sobre cuerpo, piel con piel…

Salieron del baño y cubrieron su desnudez con un par de albornoces blancos. Samuel le vendó los ojos a Laia, y depositó otro beso dulce en sus labios… Ella esperó, hasta que Samuel le indicó que retirase la venda que ocultaba su mirada, y a la luz de las velas, distinguió un camino de pétalos azules, que esta vez formaban una suerte de río que emanaba a sus pies. Avanzó sobre los pétalos, a medida que la penumbra acariciaba su piel… El río desembocaba en otro mar azulado: una cama cubierta por completo de pétalos, otro océano en el que zambullirse los dos… Laia se detuvo ante la cama, y notó un beso en el cuello, un suave roce que le hizo estremecer. Apartó su pelo, mientras el albornoz se deslizaba por su piel, hasta que cayó a sus pies… Los dos querían ahogarse en su mar, en ese océano de emociones, necesitaban su calor, devorarse en un rincón…
Laia y Samuel se amaron flotando en ese mar de pétalos, sin pensar en el mañana, disfrutando de los segundos que les concedía el reloj… sin saber si hacían bien o mal, simplemente entregándose a lo que sentían en ese momento, queriéndose, acariciándose con manos ardientes y temblorosas, insaciables de calor…
Durmieron abrazados, bajo la misma sábana, compartiendo cada respiración, latiendo al unísono su corazón. Laia fue la última en cerrar los ojos, y lo hizo con una sonrisa en los labios, pensando en que lo único que importaba, es que estaban juntos en ese instante.

Poco después Laia se despertó. Aún era de noche, y pese a la oscuridad que la envolvía, vislumbró la cruda realidad. Samuel no estaba, el mar de pétalos en el que se había sumergido era tan sólo un sueño alentador. Estaba en otra habitación, sola, perdida… Se tocó los labios, y pudo percibir aún el sabor del chocolate. Comenzó a susurrar su nombre en la oscuridad: Samuel… Pero sabía perfectamente la respuesta: El silencio.
Le llamó más fuerte, se negaba a alejarse de él… Cuanto más débil era el recuerdo, más gritaba en el silencio… La voz de Laia invocando a Samuel retumbaba en la habitación, mi nombre se oía cada vez más claro, incluso pude sentir sus labios en mi mejilla, su mano acariciando mi rostro, y su voz que no paraba de reclamarme.

Al fin comprendí, que en este sueño no era un mero narrador, éste era un sueño de dos.
Me desperté. Seguía envuelto en ese mar verdeazulado de pétalos de rosa… Laia estaba a mi lado, susurrando mi nombre, acariciando mis labios. Me besó. Esta vez nosotros le ganamos la batalla al destino.
– Pensé que te perdía. – susurró Laia – Soñaba con esta noche, creí despertar y ya no estabas. Te tenía y te perdí.
– Lo sé. – dije tomando su cara entre mis manos – Pero estoy aquí, y ésto no es un sueño.

La abracé. Nos fundimos en un abrazo que significaba un mundo para los dos. Dejé que esas fueran las últimas palabras que saliesen de mis labios, aún teniendo la certeza de que el destino nos llevaría, de nuevo, por distintos caminos. Pero ahora estábamos juntos, fundidos en ese abrazo eterno sin importar los segundos que quedasen por vivir… Porque mientras lo vivimos, yo también fui feliz…

Relato inspirado en sueños ajenos.
Gracias Laia, por cederme los derechos.

27 de febrero de 2009

Fuera de serie...

He visto en varios sitios, un post muy curioso. Consiste en exponer las parejas de series de televisión, que más me gustan, o han gustado... las que han marcado mi vida de espectador, de consumidor de ficción... devorador, diría yo. Pues bien, he elegido cinco parejas que voy a poner por estricto orden de preferencia. Alguna de ellas, no son pareja sentimental, pero funcionan muy bien como pareja en pantalla. Para mí, todas ellas son parejas fuera de serie...

5. Joy y Darnell, (Me llamo Earl): Esta serie es un cúmulo de personajes graciosos, pero si me tuviera que decantar, me quedaría con estos dos especímenes sin dudarlo. Joy, el personaje femenino más logrado de la televisión americana. Simplemente brutal. Y el Hombre cangrejo, que con sus andares y expresiones, ya te ríes nada más salir en pantalla. Como pareja, tienen una extraña relación, muy atípica pero muy bien compenetrada. Con semejantes integrantes, esta pareja no podía ser normal.

4. Sole y Paco, (7 vidas): Madre e hijo, en la sitcom más laureada de la ficción española. Mi serie favorita durante algunos años, que nos dejó momentos para la historia de la televisión, y la mayoría de ellos, de manos de estos dos monstruos de la actuación. La química que desprendían como pareja cómica, traspasaba la pantalla...

3. Sara Tancredi y Michael Scofield, (Prison break): Una historia de amor nacida entre los muros de una prisión. ¿Hay algo más hermoso? Han tenido que superar muchas barreras para poder vivir su amor, conspiraciones, muertes, huídas y persecuciones... Pero se quieren por encima de todo eso, y hacen tan buena pareja... Soy fan de la Tancredi que lo sepáis.

2. Sydney Bristow y Michael Vaughn, (Alias): Esta pareja y la siguiente, bien se podían alternar en el puesto ganador, porque son mis favoritas. Aquí entra en juego mi musa, Jennifer Garner, que me cautivó en esta gran serie, Alias. Syd y Vaughn, tuvieron todas las dificultades habidas y por haber para vivir una de las historias de amor más bonitas de la ficción americana. Se veían sin verse, se hablaban a escondidas, se amaban con miradas... es lo que ocurre cuando un agente infiltrado se enamora de su contacto de la CIA...

1. Kate y Sawyer, (Lost): La pareja favorita tenía que pertenecer a mi serie favorita, y una de las mejores de todos los tiempos, sin miedo a equivocarme. Evangeline Lilly también se encuentra entre mis musas, y por tanto, me tiene conquistado... La pecas, es mucha pecas... Y Sawyer, pues es el personaje más fanfarrón y divertido de la serie... ¿Quién no recuerda la mítica escena entre estos dos en la celda de los otros? Para los que no lo recordéis, ahí tenéis la foto... Tienen una relación peculiar, de "ni contigo ni sin tí", que nos tiene en vilo... Me encantan los líos que se traen, y por ello les concedo el primer puesto.

10 de noviembre de 2008

Retales de amor...

Este fin de semana me dió por ver una película que tenía desde hace tiempo en pendientes, y me sorprendió gratamente. Se trata de París Je t´aime, un film compuesto de unas cuantas historias, cortos de unos cinco minutos, acerca del amor, que suceden en distintos rincones de París. Como podréis imaginar, ya sólo por el marco en que se desarrolla merece la pena ser vista.

Este film tiene la ventaja de que son porciones de vida, son relatos cortos, que se ven con facilidad. Por contra, tiene el inconveniente de que algunos cortos son muy buenos, y otros verdaderos fiascos, y por ello desluce sobremanera la obra al completo. Cada historia tiene diferentes personajes, y esta rodada por distintos directores, con la participación de estrellas de todo el mundo... y entre ellos, hay españoles: Leonor Watling y Javier Cámara, que participan en el corto de Isabel Coixet (Uno de los mejores, por cierto). Pero yo me voy a quedar con dos historias, las dos que más me han gustado a mí, y que las voy a compartir con vosotros.

La primera, es la historia escrita y dirigida por los hermanos Coen, que me encantó por lo fresca y divertida que es, y por un genial Steve Buscemi, que soporta todo el peso de la trama. Muy graciosa.
Y la segunda, que es la que dirige Tom Tykwer (conocido por El perfume), y para mí la mejor de todas, por el ritmo trepidante del relato, por lo original, por su belleza artística, y por el desenlace inesperado.
Espero que disfruteis, en pocos minutos, de estos retales de amor...

‘Tuileries’, escrito y dirigido Joel y Ethan Coen.

‘Faubourg Saint-Denis’, escrito y dirigido por Tom Tykwer

26 de octubre de 2008

No son sólo palabras...

A veces no le damos a las palabras la importancia que tienen, esas grandes desconocidas y menospreciadas, que muchas veces se utilizan sin pensar, tan sólo por hablar. Y es ahí cuando pueden surgir problemas y malentendidos, porque decimos las cosas por decir, y no pensamos verdaderamente en lo que pueden llegar a significar.
Estas líneas van dirigidas a ti, y sólo tú las vas a entender por completo. Porque creo que muchas veces has utilizado las palabras, sin pensar en que no siempre se las lleva el viento; sin pensar en que no son sólo letras ensambladas, sin darte cuenta de lo que podían significar para mí: porque las palabras, no son sólo palabras.

Quiero empezar diciéndote que tengo la certeza de que siempre seremos amigos, sin embargo, cada vez veo más claro que la distancia que nos separa siempre estará ahí. Con esta carta, llamémosla así, no pretendo nada… sólo decirte lo que no te dije, sólo responder a tus peticiones de aclararlo todo.

Comienzo por el verano. Un verano que ha sido muy divertido, pero a la vez extraño. Nos encontramos en nuestro lugar preferido dispuestos a dar todo de nosotros, a compartirlo todo, y a pasarlo bien; y así fue en muchos momentos. Otros, como sabrás, no fueron plato de buen gusto para mí…
No me preguntes por qué, ni por qué no… pero me afecta todo lo que haces o te ocurre cuando te tengo cerca, es como una extraña maldición… Ahora sé que ya no te quiero, pero siempre estás ahí… y cuando te vuelvo a ver, cuando vuelvo a estar cada día contigo, me siento con el absurdo derecho de pensar que sigues siendo más que una amiga, y ya no es así. Sé que lo que digo puede sonar raro… pero en ese período que compartimos, es como si me dieras el ilógico permiso de tenerte, de acariciarte o incluso de tocarte el culo. Sí, disparatado pero cierto, me siento con el derecho de poder tocarte el culo, o besarte, en cualquier momento; otra cosa es que no lo haga porque soy una persona sensata y racional.

Quizás ésto esté motivado porque hace unos meses me volviste a decir que sentías algo especial por mí. Momentos en los que estabas conmigo, momentos en los que no ocurría nada especial, pero para ti sí que lo eran, o al menos, eso me llegaste a decir… Y sé que fui yo quien te lo sonsacó, pero recuerda que me lo dijiste… lo volviste a hacer; de nuevo sin pensar, que no son sólo palabras…

Volviendo al mes de agosto que dio para mucho, me acuerdo de una conversación, un tanto surrealista, entre sangría y ron, en la que te llegué a decir que yo sólo besaba a quien yo quería besar. ¿Recuerdas que respondiste? Me dijiste que lo hiciera, que besara a quien quisiera, y no me digas que no sabías perfectamente quién era… ¿Por qué lo hiciste? Hasta los que nos rodeaban nos dejaron solos al ver el cariz que estaba tomando la escena… Evidentemente yo te dije que no era el momento, y de nuevo tu me incitaste, diciendo: ¿Y cuándo va a ser el momento?
¿Por qué seguiste haciéndolo? ¿Te gustaba jugar a sentirte querida?

Espero no estar siendo demasiado duro en esta carta que tanto me está costando escribirte. Era lo que querías y yo lo estoy plasmando en estas líneas, porque fue mucho lo que quedó en el tintero, y quiero esculpirlo en letras, en palabras, que son algo más que eso.

Poco después pude comprobar que lo que me habías dicho meses atrás se volvía a olvidar. Comencé a ver que te importaba demasiado quien tú ya sabes: tu amigo, nuestro amigo… y empecé a temerme lo que ocurrió al final. Y aunque yo intentaba convencerme de que no volvería a pasar, a la vez me estaba preparando a mí mismo, para afrontar que así sucedería tarde o temprano, y yo tendría que estar ahí para poner buena cara, decir que no pasaba nada, escucharte, alabar tu sinceridad (como así hice) e intentar reaccionar como lo haría tu mejor amigo. Y así fue. Yo estuve ahí, con la mirada rota y el corazón en la mano, para intentar protegerlo de lo que le quedaba por latir. Hice todo lo que pude para que no me doliera… y aunque me afectó, al final no fue para tanto.
Otro cantar fue verte con otro, con mis propios ojos. Esta vez un desconocido, y como podrás comprender no me apetecía acompañarte, no tenía ganas de estar allí, aunque según tú, me necesitaras. Ojos que no ven corazón que no siente, o al menos, siente menos. Eso fue lo que intenté.

Pero al mismo tiempo, tu seguías haciéndome dudar. Una de cal y otra de arena. Intentaste dar cariño a todos, cosa que no me parecería mal, si uno de esos “todos” no fuera yo. Ahora es cuándo me dirás que darse mimos en plan amigos está bien, y yo no lo dudo… pero lo que no me puedes negar es que los tipos de cariño eran bien distintos. Estaba muy desorientado…
Yo ya sabía a estas alturas, que lo supuestamente especial que era para ti, se había esfumado; pero al mismo tiempo, no me tratabas como a los demás… Porque a los demás no les tomas de la mano; a los demás, no les permites que acaricien tu ombligo, que recorran tu espalda… ¿Por qué a mi sí, sino tenemos nada? ¿Por qué también me confundes sin palabras?

Y ya voy a ir terminando esta carta, una de las que más me ha costado escribir en toda mi vida, por la única razón de que es para ti. Para mi compañera de andén, aunque nunca podamos subirnos los dos al tren; nunca, tú y yo. Porque no vamos a ningún lado. Porque sabes que viajar juntos no tiene sentido, porque vamos por distintos caminos, porque no tenemos un mismo destino. Pero cuando coincidimos en la estación, me encanta estar contigo. Tan sólo ese lapso de tiempo mientras esperamos nuestros respectivos trenes… porque para mí, en esos momentos, sí eres especial…
Y como yo no lo soy para ti, o sólo lo soy a veces, te pido que me hagas un favor. Te ruego que dejes de despistarme, que dejes de comportarte como un jeroglífico o que te traduzcas para mí. Te lo suplico, no sigas cogiéndome de la mano en la penumbra, no dejes que recorra tu piel, no permitas que mis manos dibujen tu ombligo, no hagas que se entrelacen nuestros dedos, no me vuelvas a decir que te bese, porque te besaré.
Y por último, te pido que nunca, jamás, vuelvas a sugerir que sientes de nuevo algo especial por mí. Aunque sea cierto, aunque te vaya la vida en ello, aunque creas que las palabras se las lleva el viento… Porque ahora sabes que no, que son algo más que eso; ahora sabes que las palabras, no son sólo palabras.


P.D.: Te encontraré, eternamente en el andén…

10 de abril de 2008

Oh, it’s what you do to me...

...o lo que es lo mismo: “Oh, es lo que tú me haces a mí…”
Hace unos días estaba yo de compras en el H&M, una tienda de donde siempre salgo con las manos vacías no se porqué (bueno si, porque la ropa es como cutre y sienta fatal…), pero esa tarde fue muy productiva, porque mientras estaba allí comenzó a sonar Hey there dalilah, una canción que me enamoró desde el primer momento… y desconocida para mí hasta entonces.

La verdad es que no sabía como titulaba, pero ese Oh, It´s what you do to me… hizo que me quedara atento al hilo musical y cuando acabó la canción me dije: "esto lo tengo que encontrar en la red en cuanto llegue a casa!!" Y así fue…
Además de que la canción es preciosa dice cosas tan profundas:

"Hey there Delilah
I´ve got so much left to say
if every simple song I wrote you
would take your breath away
I´d write it all
even more in love with me you´d fall
we´d have it all…"

"Oye, Dalila
he dejado de decir tantas cosas
si cada canción que te escribí a ti
te quitaran el aliento
las escribiría todas,
e incluso te enamorarías más de mi
lo tendríamos todo..."
Pues aquí os dejo la canción... qué bonito eso de: Oh, It´s what you do to me...
Oh, es lo que tú me haces a mí...



18 de febrero de 2008

Juno...

… o como reproducirse primero, para enamorarse después…

Ayer ví Juno. Y no es Pequeña Miss Sunshine 2. Mira que a mi Pequeña Miss… me encantó y como me esperaba algo similar fue “a little deception”. Pero no, tampoco voy a ser tan rotundo. Juno está bien. Es una película fresca, descarada y divertida, que intenta acabar con el pesimismo que cada día esta mas arraigado en la sociedad. Salir al paso de cuanto te venga encima con una sonrisa, es algo de lo que sabe mucho Juno, ya que como ella misma dice
“se tiene que ocupar de cosas que sobrepasan su nivel de madurez”

Juno (Ellen Page) es una adolescente de 16 años que se queda embarazada en un sillón de orejas. Si como lo cuento, por muy freak que pueda parecer…
Cuando se lo cuenta a sus padres (padre y madrastra más bien) estos la apoyan y la ayudan en todo lo que decida y haga. Y así es. Juno no está preparada para ser madre, y decide abortar, pero cuando se entera de que los bebes tienen uñas, se arrepiente, y decide entregarlo en adopción a una pareja aparentemente perfecta, cuya parte femenina ya me ganó desde el principio, porque no es otra que mi idolatrada Jennifer Garner que una vez más borda su papel de maniática treintañera premamá.
Y en Juno también se habla de amor puro y duro, con interesantes reflexiones sobre quién es el amor de tu vida, y es que el papá de Juno le da el consejo de su vida al decirle que “el amor verdadero es aquella persona que te quiere exactamente tal y como eres, de buen humor de mal humor, como sea; la persona ideal seguirá perdiendo el culo por ti, aquella que te quiere y te apoya estés en el lió que estés, y hagas lo que hagas” Cuanta razón tiene el viejo!

Juno merece la pena ser vista. Es un canto a la vida, al optimismo, a la esperanza y al amor. Juno es una comedia, pero con un trasfondo más allá de la carcajada fácil, y es lo que verdaderamente merece la pena. Y también merece la pena, por la gran Ellen Page (también nominada al Oscar) que realza un guión ya de por si sobresaliente, y por la incomparable Jennifer Garner, siempre genial. Me quedo con una frase de Junito (así la llama su papito): “No estoy preparado para ser padre” a lo que Juno contesta "como que no, pero si eres viejo!!”. Le doy un 7.

17 de febrero de 2008

Expiación...


… o como un amor nace y muere el mismo día, la misma noche…

Hace unos días que pude ver esta película, que suena como una de las favoritas para alzarse con la preciada estatuilla en los Oscar 2008, (de hecho ya tiene el Golden globe) y la verdad es que es razonablemente buena.
Lo de “razonablemente”, lo digo porque el director es Joe Wright y su último film no me había gustado en exceso (era una adaptación más bien normalilla de la célebre Orgullo y prejuicio) y también lo digo porque la prota es Keira Knightley (si! la de piratas del Caribe, pero más delgada…) y es que tengo una especial aversión por esta actriz, que creo no me ha convencido, en ninguno de sus roles hasta el día de hoy. Dejando a un lado los prejuicios de los que partía, la peli no esta mal del todo.
Tengo que destacar la actuación del hasta ahora desconocido, James McAvoy, y que lo hace francamente bien; él es quien da la replica a la insulsa Keira… y también sublime la actuación de la niña mala de la película, Saoirse Ronan, otra actriz para mí desconocida, que soporta excepcionalmente la carga dramática de su personaje, y por el cual esta nominada al oscar.

Respecto al argumento, es esencialmente sobre un amor que no va a ser forjado nunca, debido a una grave acusación.
Cecilia (Keira Knightley) es una joven que vive en la Inglaterra pre-SecondWarWorld, en una familia acomodada. Tiene un hermano y una hermana, Briony (Saoirse Ronan), que es la va a causar todo el embrollo. El hijo del ama de llaves trabaja para ellos (James McAvoy), y está por los huesitos (y nunca mejor dicho) de Cecilia; su amor surge una noche de pasión en la biblioteca (si como lo cuento…) y Briony los pilla en situación indecorosa, lo que le da alas para pensar del chico como un obseso sexual que puede ser capaz de cualquier cosa, y al final le acusa de un acto que no cometió.
Luego el film se adentra en las terribles consecuencias que una mera equivocación puede motivar, y los esfuerzos de Briony por enmendar su error.
Lo mejor es ese final, ya en la época actual, donde se nos cuenta por fin la verdadera historia, la horrible verdad que desgraciadamente sí ocurrió, a pesar de lo bonito que hubiera sido poder vivir lo contrario.

En definitiva, altamente recomendable, ya no sólo por como un hecho casi irrisorio se convierte en el punto de inflexión de dos vidas, y de una tercera que tendrá que convivir con la culpa el resto de la suya, sino también por la fotografía, la ambientación, y las grandes interpretaciones de James McAvoy y de la sorprendente Saoirse Ronan. Le doy un 8.